¿Es lo mismo educar que formar?
Pensemos por un momento en cómo
fue nuestro periodo escolar. Seguramente aquello que más recordemos será el momento de las notas. Un momento vivido con tensión e incluso cierta
ansiedad por casi todos, Notas en los
exámenes, en los trabajos, y por supuesto en los boletines, que se suponía te definía, o al menos debía
reflejar el esfuerzo durante todo ese curso en las diferentes asignaturas.
Pero…¿reflejaba realmente el esfuerzo que se había hecho durante ese curso? . Y
lo que es más importante ¿Todos debíamos ser irremediablemente buenos en todas las asignaturas?.
Que levante la mano, si hay
alguien que sea muy bueno ( con la palabra “bueno” me refiero a que domine del
tema en cuestión) en, matemáticas, música, que se le den bien las relaciones sociales,
que tenga el don de la palabra (oral u/o escrita), que le guste el deporte y la
naturaleza… . Me dejo alguna
habilidad, porque de hecho Howard
Gardner afirma que hay ocho inteligencias múltiples, y Claramente, todos destacamos en alguna de esas
8 inteligencias (de eso no hay duda). Pero restringirlo a las lenguas o las
matemáticas, (materias instrumentales) como pretende el sistema educativo actual… me
parece una forma muy superficial y poco
válida de valorar el potencial de una persona. ¿Por qué un niño se siente mal
cuando suspende matemáticas y no cuando suspende música? ¿Acaso es más
importante para la sociedad un niño que domina las matemáticas que otro que
domina la música? .
Desde luego, en el currículum escolar tal parece que
así es,
porque si comparamos la cantidad de horas que se le dedican en
primaria a asignaturas como matemáticas, 5 horas (semanales) frente a 1 hora de
música (semanal también).Así mismo cuatro horas semanales dispone el área de
lengua castellana y otras cuatro de lengua valenciana. El
mensaje no tan subliminal que esto transmite, es que las materias
instrumentales (como su propio nombre indica) son sin duda imprescindibles. Y
puede que así sea, pero no conozco a nadie de mi edad (33 años) que se acuerde
de hacer una raíz cuadrada de forma manual, y lo preciso, aquello que sí
tenemos que saber porque lo utilizamos a diario en nuestra vida, es lo que de
verdad tiene ocupadas a nuestras
neuronas matemáticas en nuestros quehaceres diarios.
Se podría decir que al final, la
mitad de lo que nos han enseñando en matemáticas (con toda la buena voluntad
del mundo) ha pasado al olvido. No así, la sensación de inutilidad que
sentíamos en la materia cuando suspendíamos, y no lográbamos alcanzar los
objetivos propuestos, o el nudo en el estómago al esperar el resultado de las
notas tras la realización de un examen.
Muchas veces, da la sensación,
que estamos en una gran empresa, donde el jefe (el estado) quiere ver logros y
beneficios, traducidos en notas. No es que España invierta mucho menos que
Finlandia en educación para tener los resultados PISA que obtenemos,(que desde
luego invierte, menos) un 4% España frente a un 6% del PIB que invierte
Finlandia. Pero allí, según lo que he leído, los alumnos van contentos al colegio. Probablemente si
preguntáramos en España si van contentos al colegio, el porcentaje se reduciría
drásticamente.
Así que de nuevo, el niño en España, (aunque no es el único país
en que esto pasa) es el que peor parado sale. Se ve envuelto en un sistema que
al final le deja de lado. Deja de lado su personalidad, sus sentimientos, sus
preocupaciones, para pasar a ser una
nota ( un 3 un 4 un 7 un 9…) . ¿Quién le ha preguntado a su hij@ tras recibir las notas y ver un
suspenso en ellas como se siente?, antes incluso de sentenciarle con la frase
de “si ya sabía yo que…” o directamente castigarle.
Deberíamos examinar en qué punto
del proceso del sistema educativo actual (no mucho más diferente de los
anteriores) hemos olvidado a los niños y su verdadera educación, sustiyuéndolo
por una formación. En adelante explicaré la diferencia, aunque seguro que más
de uno ya la ha intuido.
Si lo que queremos es crear
personas felices y educadas, no creo que estemos en el buen camino. Es más,
cada vez, nos alejamos más. Tras cuatro leyes diferentes educativas desde el
70, el sistema en sí, no ha cambiado mucho. Los profesores, pilares fundamentales en la
tarea de educativa, muchas veces se encuentran con trabas a la hora de realizar
su trabajo. ¿Sabían ustedes que en Finlandia el número de alumnos no puede
exceder de 25 por clase y a menudo tienen dos profesores en el aula?. ¿Sabían
que las clases son de una duración menor
adaptándose a sí al tiempo real
que un niño puede estar concentrado y
con descansos entre ellas de alrededor de 15 minutos? ¿Sabían que el
currículum es más abierto y flexible que el que tenemos en España?. ¿Sabían que
disponen de material manipulativo adaptado a los diferentes niveles de
desarrollo? …. Bueno, hay mucho más, pero no nos vamos a deprimir más.
Aún así, antes y ahora, los
maestros han peleado por generar conciencias críticas. Personas libres y con
capacidad decisoria y en muchos casos
animando al alumno a mejorar, sin culpabilizar frente al suspenso. Intentando reducir el impacto que la criba de las notas recibía más de un
alumno, tal vez no brillante en matemáticas, pero habilidoso en otros aspectos
que por desgracia no se evalúan, y el currículo no tiene en cuenta pero no por ello menos importantes como el
compañerismo, la capacidad de ayuda, la empatía… ¿No son esas las cualidades
que buscamos en el ciudadano del mañana?
Quizás nuestro lastre, sean unas
desafortunadas leyes en el sistema educativo que perpetúa el fracaso escolar, y con él la sensación de
fracaso absoluto que siente toda persona
que no lo logra superar.
Pero, si lo que buscamos es
perpetuar una sociedad similar a la que tenemos, no hay duda que vamos por el
buen camino. Tenemos a alumnos preocupados por la notas. Podríamos traducirlo
porque no, al dinero en la sociedad, pues obtener unas buenas calificaciones,
al igual que obtener mucho dinero, da
poder, prestigio, y porque no, cierto estatus. Porque eso, es lo que se refleja
en los alumnos, con frases como “ puf… esa pregunta es para… (fulanito) que lo
sabe todo”. Fulanito, se crece con
comentarios de este tipo, mientras que
la autoestima de Menganito va decreciendo. Así pues, Menganito, hará lo
que sea para conseguir buenas notas, porque en su casa, amigos, parientes y
demás…. ya le han convencido que eso es
lo importante. Y obviamente, hará lo que sea aunque suponga utilizar métodos no
éticos del todo. (No quiero decir que el alumno no sea responsables de sus
actos, ni mucho menos, pero si, que de alguna manera, somos nosotros lo que
forzamos eso).
Vean sino, si se parece esto en
algo a cuando ustedes y yo, estábamos estudiando. Acabando así en el mismo
punto de partida, y viendo que nuestros hijos, a pesar del cambio de leyes
educativas (no tanto, ya hemos dicho) y del salto generacional, llevan el mismo
camino que llevábamos nosotros.
Es preciso preguntarse ahora si a nuestros
hijos los forman o los educan, y qué
es lo que realmente queremos para ellos.
Para poder ver más claramente la
diferencia entre formar y educar desde mi
punto de vista,(se puede no estar de acuerdo) pasaremos
a definir los términos. Espero
mostrar así la árdua tarea correspondiente a educar frente a la de formar individuos.
Formar, tal como indica en el
diccionario de la real academia española
es dar forma a algo, juntar algo. Por el contrario Educar, viene de ex ducere.
Ex
significa sacar afuera o extraer,
mientras que ducere hace referencia a guiar o conducir.
Como vemos son dos términos muy
diferentes. Y sin duda, con respecto a l@s niñ@s, y por respeto a
ellos, prefiero el termino educar.
A un niño,
no se le puede ( no se debiera) dar la forma que uno considera que es la
mejor, porque ¿Cuál es la mejor? .Él ya tiene una forma. Quiero decir, que él
ya está constituido como persona, con una personalidad inherente propia, con
unos gustos, e intereses propios, y unas
inquietudes establecidas, que pueden coincidir, o no, con las nuestras como padres
o como maestros de una determinada asignatura.
Lo que quizás deberé hacer, es sacar “ex” todo
eso afuera, y ayudarme de sus intereses, de sus gustos y de sus habilidades
para educarle “ducere”.
Pero claro está, son muchos los
elementos en contra. Juzguen ustedes mismos
y contesten pues a la pregunta.
¿NOS FORMAN O NOS EDUCAN?
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